Afirmaciones de Fe

¿Qué creen los METODISTA UNIDOS?

Las creencias que profesan los Metodistas están contenidas en las Sagradas Escrituras. La Biblia es “nuestra única fuente de autoridad en materia de Fe.”
Estas creencias están definidas claramente y condensadas en los Credos históricos de la fe cristiana, El Credo de los Apóstoles, y El Credo Niceno que datan de los siglos II y IV de la era cristiana. Otros como son el Credo Coreano y el Credo Contemporáneo son igualmente de ayuda para comprender nuestras creencias ya que afirman las antiguas doctrinas en términos actuales, resultando así mas familiares al creyente de nuestros días. Además de los Credos, nuestras creencias están claramente definidas en los Artículos de Religión/Fe, las Declaraciones Doctrinales de la Iglesia Metodista sobre la Gracia Divina, y las llamadas Reglas Generales. Finalmente los Metodistas tienen un Credo Social que recoge la interpretación bíblica y teológica que la Iglesia Metodista tiene en relación a la responsabilidad social del creyente en el mundo.

Los Artículos de Fe

Los artículos de religión constituyen lo que pudiéramos llamar las doctrinas básicas de la Iglesia Metodista. Estos fueron preparados por Juan Wesley a petición de la naciente iglesia en las colonias americanas y los mismos se han conservado tal como los preparó hasta el día de hoy. Cada artículo tiene sólidas bases bíblicas.

1. Hay un solo Dios, vivo, sin cuerpo ni partes, Creador y Sustentador de todas
las cosas, y en esta Deidad hay tres personas de una misma sustancia, poder
y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

2. El Hijo es el Verbo del Padre, verdadero y eterno Dios, tomó la naturaleza
humana y así las dos naturalezas, enteras y perfectas, se unieron en una
sola persona, verdadero Dios y verdadero Hombre, que padeció y murió para
salvar a los hombres de sus pecados.

3. Cristo resucitó verdaderamente de entre los muertos.

4. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

5. Las Sagradas Escrituras contiene todas las cosas necesarias para la salvación y no debe exigirse como artículo de fe, ni requisito para la salvación, nada que con ella no pueda probarse. Las Sagradas Escrituras están compuestas por el Antiguo y el Nuevo Testamento con los libros aceptados por la Iglesia como canónicos.
6. El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo. Aunque la Ley, en lo
tocante a los ritos y ceremonias no obligan a los cristianos, ni debe
recibirse necesariamente como preceptos civiles por ningún estado, ningún
cristiano está exento de la obediencia a los preceptos que se refieren a la
moral.

7. El pecado original es la desobediencia a Dios, el cual es la corrupción de la
naturaleza humana. El hombre es por su misma naturaleza inclinado al mal de
continuo.

8. La condición del hombre, después de la caída de Adán, es tal que no tiene
capacidad por si mismo para ejercer la fe e invocar a Dios. Por ello depende sólo
de la Gracia para obrar de acuerdo con la voluntad de Dios.

9. Somos considerados justos delante de Dios solo por los méritos de
Jesucristo, por la fe y no por nuestras obras y / o merecimientos.

10. Las buenas obras siguen a la justificación y son los frutos de la fe, pero estas
no pueden expiar nuestros pecados.

11. El hombre nunca puede hacer más de lo que está llamado a hacer (Obras de
supererogación). Como dijera Jesús: “Cuando hubiereis hecho todas las cosas
que os he mandado decid: Siervos inútiles somos.”

12. A los que han caído en el pecado después de la justificación no se les
puede negar el privilegio del arrepentimiento. Después de haber recibido el Espíritu Santo podemos apartarnos de la gracia y caer en pecado; pero por la gracia de Dios levantarnos de nuevo.

13. La Iglesia visible de Cristo es la congregación de hombres y mujeres fieles
en la cual se predica la Palabra de Dios y se administran los Sacramentos.

14. Las doctrinas sobre el purgatorio, indulgencias, veneración y adoración de
imágenes y reliquias, y la invocación de los santos, son invenciones humanas
que repugnan a la Palabra de Dios.

15. Ofrecer oración pública en la Iglesia o administrar los Sacramentos en
una lengua que el pueblo no entienda, repugna tanto a la Palabra de Dios como fuera a la Iglesia Primitiva.

16. Los Sacramentos son símbolos de la profesión de los cristianos y testimonios palpables de la gracia y buena voluntad de Dios. Por ellos obra El en nosotros avivando nuestra fe. Los Sacramentos reconocidos son dos: el Bautismo y la Cena del Señor. Sólo los sacramentos que se toman dignamente producen efectos saludables. Cuando se toman indignamente producen condenación. (I Corintios 11: 29.).

17. El Bautismo es el signo de profesión, una nota de distinción con que se diferencian los cristianos, así como regeneración o renacimiento. El bautismo de párvulos debe observarse en la Iglesia.

18. La Cena del Señor es un símbolo de amor que une a los cristianos pero es aun más que eso. Es el Sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo. El cuerpo y la sangre de Cristo se toman en la Cena sólo en un sentido espiritual, ya que los elementos conservan su naturaleza física.

19. El sacrificio de la misa, en el que se dice que el sacerdote ofrece a Cristo en remisión de la pena que merece el hombre por sus pecados es una blasfemia. El sacrificio de Cristo fue hecho una vez y no necesita repetirse.

20. La ley de Dios no manda a sus ministros a vivir en estado de celibato; es lícito pues que contraigan matrimonio.

21. Los ritos y ceremonias pueden cambiarse con los tiempos y las culturas siempre que no se establezca nada que sea contrario a la Palabra de Dios. Cada Iglesia puede cambiar ritos y ceremonias siempre que todo se haga para la edificación de los creyentes.

22. Es el deber de todo cristiano someterse a las autoridades del país en que viven.

23. Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, título y posesión de ellos. Todos deben dar, según sus recursos, liberalmente a los pobres.

24. Está prohibido a los cristianos el juramento vano y temerario, pero juzgamos que la religión no prohíbe que uno jure cuando lo exija el magistrado en casos de fe y caridad, con tal que se haga en justicia, juicio y verdad.