Formación y Dirección Espiritual

Formación y Dirección Espiritual
La formación y dirección espiritual son prácticas de la tradición cristiana. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo las modeló, practicó e instruyó a sus discípulos y discípulas a ponerlas por obra. Como metodistas la espiritualidad wesleyana forma parte de nuestro ADN. Los medios de gracia y las obras de piedad son parte escencial de nuestro quehacer ministerial. La formación espiritual en Emmaneul consiste en la realización y práctica de las disicplinas espirituales y medios de gracia. Se practican y realizan no como un fin sino como los medios provistos por Dios para que afirmados por la fe en Jesucristo le permitamos al Espíritu Santo formar al varón perfecto CRISTO JESÚS en cada integrante de nuestra comunidad de fe. En la IMUE entendemos que el problema actual de la Iglesia no esprogramático o intelectual creemos es espiritual. Es por eso que insistimos en la formación espiritual hasta llevar a todo creyente a la experiencia de hacer ministerio con un corazón ardiendo en el poder y presencia del Espíritu Santo.

Medios de gracia:
Son la oración, el ayuno, la lectura de las Escrituras, la meditación, la adoración pública o privada, la Santa Cena y el Bautismo.
Sacramentos (ambos, instituidos por Jesús):
1. La Santa Cena del Señor: un memorial de mesa abierta donde participan niños/as,  jóvenes y adultos. Es Jesús el que nos invita a la mesa de la reconciliación,  donde no hay acepción de personas.
2. Bautismo: signo visible de una gracia interior y espiritual, como  incorporación a la Comunidad de Fe en los/as niños/as y aceptación de ser  hijos/as de Dios y parte del cuerpo de Cristo.

Fe y Buenas Obras:
Vemos la gracia divina y la actividad humana obrando juntas en la relación entre fe y buenas obras. La gracia de Dios promueve la respuesta y disciplina humana. La fe es la única respuesta esencial para la salvación. Aun el arrepentimiento debe ser acompañado de frutos dignos de arrepentimiento u obras de piedad y misericordia. Tanto la fe como las buenas obras son parte de una teología de la gracia que lo incluye todo, puesto que ambas surgen del amor gratuito de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

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