Las 3 Reglas Generales

Reglas Generales

Se exige de aquellos que desean ser admitidos a membresía en la Iglesia “el deseo de huir de la ira venidera y salvarse de sus pecados”, y, por tanto, se espera que todos aquellos que continúan siendo miembros, sigan dando evidencia de sus deseos de salvación.

PRIMERA
NO HACIENDO DAÑO, evitando toda clase de mal, particularmente el que generalmente se practica como: Tomar el nombre de Dios en vano. Profanar el día del Señor ya trabajando como en otros días, ya sea comprando o vendiendo. La embriaguez o el uso de bebidas alcohólicas, los que no deben usarse sino en caso de necesidad. Reñir, armar contiendas y alborotos; llevando el hermano a otros hermanos a los tribunales; devolviendo mal por mal, injuria por injuria; regatear al comprar o vender. El comprar o vender efectos que no hayan pagado derechos. El dar o tomar cosas con usura, es decir con intereses exorbitantes. Las conversaciones faltas de caridad o frívolas particularmente la crítica de los magistrados y de los ministros. Hacer a los demás lo que no quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Complacencia o extrema indulgencia de si mismos. Acumular tesoros sobre la tierra. Pedir prestado sin tener la posibilidad de pagar, o tomar efectos a crédito sin la misma posibilidad.
SEGUNDA
Se espera que todos los que continúen siendo miembros de estas sociedades PERSISTAN EN SU DESEO DE SER SALVOS; practicando el bien, siendo en todo misericordiosos según sus fuerzas y según tengan oportunidad, haciendo toda clase de bien a los hombres hasta donde fuere posible; a sus cuerpos según su habilidad que Dios les haya concedido, dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, visitando y socorriendo a los enfermos y a los presos; a sus almas, instruyendo, reprendiendo o exhortando a todos aquellos con quienes tienen trato, hollando bajo sus plantas aquella doctrina fanática que dice “no tenemos obligación de hacer el bien a no ser que nuestro corazón lo dicte “. Haciendo el bien especialmente a los que anhelan pertenecer a ella; dándole la preferencia en los empleos, comprando los unos de los otros, ayudándose mutuamente. Practicando toda diligencia y frugalidad posible a fin que el Evangelio no sea vituperado. Corriendo gustosamente la carrera que les es propuesta negándose a si mismos y tomando la cruz diariamente: listos a sufrir reproches por causa de Cristo y a ser como la basura y las heces del mundo esperando que los hombres digan de ellos toda clase de mal por causa del Señor, mintiendo.
TERCERA
Se espera que los que continúen siendo miembros, persistan en hacer patente su deseo de ser salvos: ASISTIENDO a todas las Ordenanzas de Dios, tales como: el Culto público, la dispensación de la Palabra, ya sea leída, ya explicada; la Cena del Señor, la oración privada y de la familia; el escudriñar de las Sagradas Escrituras; el ayuno y la abstinencia.

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